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Dos goles del argentino y uno de Neymar derrotan al final a un gran Bayern y ponen al Barça con un pie en la final de Berlín (3-0)

Era imparable. Era el mejor del mundo. El hombre que todo lo podía con un balón en los pies. Lo sabía Pep Guardiola, y lo repitió hasta la saciedad. También Luis Enrique y por supuesto el Camp Nou. Y como no podía ser de otra forma Leo Messi acudió a su cita con la historia. Para dar una nueva lección. Para encarar a su pasado, cogerlo por la pechera y, cuando más sufría su equipo, abrir la caja de los truenos en su rostro. Dos goles suyos, a cada cual más bello, como Guardiola había pronosticado y uno de Neymar tumbaron a un Bayern imponente en las semifinales de la Champions League. Dio igual que los alemanes mereciesen más. También que el técnico de Santpedor hubiera ganado la batalla táctica a Luis Enrique. Porque el talento no se detiene nunca. Y de eso Messi tiene en cantidades interminables.

El partido respondió a las esperanzas de todo mundo futbolístico. Por los goles que, aunque tardíos, dejaron a todos boquiabiertos. Y por el espectáculo táctico de los entrenadores, que hizo sorprenderse hasta al mayor experto. Los jugadores ofrecieron el talento; la grada, la pasión. Y a todo ello se unió Pep Guardiola, ese amado enemigo, cuya presencia enfervorizó como nunca a un público entregado a Messi, Luis Enrique y compañía.

La batalla táctica fue colosal. La idea de Luis Enrique fue la esperada. La de Guardiola, sorprendente. Por lo atrevido, porque nadie había maniatado al Barça con una contundencia tan grande en su propio campo. Su planteamiento consistió en generar superioridad en el medio con un medido juego de posición. Se defendió con tres centrales y presión en todo el campo, para dificultar la salida del balón azulgrana. Ese fue el ‘regalo’ de Guardiola en su regreso al Camp Nou.

Del empuje de la grada, sentido y profundo, se contagió su equipo sobre el césped y la mayor serenidad de Bayern le permitió ganar la posesión. Los alemanes salieron más valientes de lo que nadie esperaba. Y sin embargo, cerca estuvo de aprovecharlo un Barça diseñado para el contragolpe en un inicio fulgurante.

Como un caballo desbocado, el equipo de Luis Enrique salió a por el partido a pecho descubierto. El Bayern arriesgaba en la presión mientras los azulgranas sacaban los tanques. Luis Suárez tuvo la ocasión más clara cuando no se había cumplido el minuto diez. Un balón largo que peinó Messi le cayó al uruguayo en los pies, pero en el mano a mano Neuer sacó una pierna prodigiosa.

Con el paso de los minutos Guardiola consiguió su objetivo de frustrar a su contendiente. Se jugó a lo que él quiso y sin embargo el Barça pudo haber goleado. El Bayern se sobrepononía a los chispazos de Messi, a las conducciones de Iniesta o las carreras de Alves. Los de Luis Enrique no veían soluciones, impotentes ante las enormes dificultades para salir con el balón jugado.

Enloquecía el Barça por no poder superar a su rival con rapidez. Sin pausa y con muchos nervios, pecaron de precipitación cuando superaban la primera línea de presión. La acumulación de alemanes en el medio provocó la verticalidad azulgrana. Guardiola cerró los pasillos tras una clara ocasión de Neymar y después de unos minutos de dominio bávaro el Barça terminó embotellando a su rival.

El equipo alemán demostró tener la personalidad de un equipo campeón. Le faltó contundencia arriba, pero se defendió con el balón para impedir que el Barça corriese. Y lo logró. Sobre todo en el comienzo de la segunda parte. Agonizaba el equipo azulgrana. Neymar se desesperaba entre regate y regate. Suárez corría y corría sin destino concreto. Y Messi esperaba.

El partido del argentino era el que se esperaba de él. Desde el principio dejó detalles técnicos de gran nivel. Fue la referencia ofensiva y a través de él el Barça encontró soluciones para salir con el balón jugado. A la que dejó de aparecer, los de Luis Enrique sufrieron. Y cuando más lo necesitaba el Camp Nou apareció. Y de qué forma.

Un robo de Alves, en un estado de forma prodigioso, lo recogió en la frontal Messi. Se perfiló para disparar al segundo palo, pero giró el tobillo para sorprender a Neuer, un muro hasta que se midió con el argentino. El Camp Nou estalló de alegría por ver como el ídolo acudía al rescate. Su disparo se colaba con furia cerca de la base del poste izquierdo alemán.

Y ya con confianza Messi se desató. Pocos minutos después del primero, el argentino recibió en carrera un balón de Rakitic. Estaba a punto de dibujar una de las jugadas de más talento que se han visto. Encaró a Boateng. Lo rompió con un quiebro y con la derecha superó a Neuer en su salida. Sólo necesitó un toque tan suave como mágico. Había vuelto a hacerlo. En cuatro minutos Messi tumbaba al Bayern de su maestro Pep Guardiola.

Neymar puso el tercero para finiquitar la eliminatoria de una manera cruel para su rival, que quizás no mereció tal castigo. Pero la pegada del Barça pudo más. Le faltó serenidad y control, pero el coraje, la pasión y la entrega le hicieron acreedor de la victoria. Aunque nada de ello habría tenido sentido sin el talento de Leo Messi.

El Barça golea al Bayern de Guardiola en una noche mágica de Messi

Messi celebra su primer gol al Bayern Reuters

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